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Catar, beber y gurús en el mundo del vino
Lunes, 08 de Junio de 2009
El año pasado y en este primer semestre de 2009 un número interesante de vinos chilenos han recibido buenas puntuaciones por parte de revistas especializadas. Este hecho ha sido celebrado por las viñas con buenas calificaciones, destacando sus puntuaciones.

Sin embargo, a pesar de que las puntuaciones de esas revistas especializadas sirven y mucho a las estrategias de marketing de las viñas, algunas de ellas, cuando no fueron consideradas por los “gurús” que evalúan los vinos, se han quejado de la parcialidad de esas calificaciones, de supuestos intereses de los degustadores/especialistas, o del custionable conocimiento de los evaluadores acerca de sus vinos y viñas, etc.  



Pero al ser consideradas entre los galardonados, toda esa “artillería” de otrora contra los “gurús” del vino se hace humo, y lo único que prevalece son las abultadas puntuaciones para sus mejores vinos. Esa actitud, lógicamente, se explica por la necesidad de las viñas de destacar sus productos y difundir cuando reciben premios en concursos o cuando son bien calificadas por revistas especializadas.

 

También hemos visto cómo algunos “especialistas” han criticado a esos “gurús” de revistas especializadas cuándo han otorgado un muy alto puntaje a un vino que no es chileno, y después, cuando resulta un vino chileno el más destacado, se registra un silencio y ausencia total de esas críticas y descalificaciones.

Con esto queremos referirnos a la necesidad de que viñas y especialistas locales tengan un mínimo de coherencia. O sea, que reconozcan de manera permanente en el tiempo la validez o no de una calificación o premio, y que no cambien su juicio en la medida que las altas puntuaciones o premios benefician a un vino chileno o a su propia viña. Si se respetan las calificaciones de los “gurús” de revistas internacionales, que lo sea de manera permanente y no solamente cuando se hace en beneficio propio.   

 

El asunto de las calificaciones de revistas, evaluaciones de especialistas, concursos, etc., es algo polémico, y no por su mérito, sino porque el vino en si no se deja atrapar en fórmulas o esquemas jerárquicos. El vino se escapa de cualquier tendencia absolutista.

 

Acerca de esto, del catar y beber, y de los “gurús” y la cultura del vino, un español dijo:

 

“El crear cultura del vino es un proceso lento, creemos que no se mide en años, se mide en generaciones. Y el que la gente tenga su propio criterio, su propio gusto y opinión, es todavía muy difícil. Dominan la opinión pública una serie de gurús que en cierto modo marcan tendencias, aunque sea sólo en la punta del iceberg; no nos engañemos, en los supermercados el panorama es mucho más lento de cambiar. Mucho se ha discutido de este ‘estilo internacional’, de los vinos potentes y generosos en color, alcohol, tanino y madera, y como las altas puntuaciones obtenidas por este tipo de vinos ha dado un impulso claro al estilo. Pero pensamos que todo lo excesivo acaba por cansar, y que poco a poco la gente vuelve a mirar a vinos menos impresionantes, menos oscuros, menos extraídos, pero… ¡que se beben mejor!”

“Aquí llegamos a la diferencia entre vinos para catar y vinos para beber. No son lo mismo. Los vinos más potentes tienden a destacar en las catas comparativas, pero no son necesariamente los que se llevan el gato al agua cuando se trata de beber. Posiblemente se habrán dado cuenta que una botella de esas que ganan concursos quedan a medias en la mesa, mientras que otra más humilde se termina, o mejor aún, llama a un segundo descorche”.

 

Aunque compartimos de manera general esa opinión, en la última parte diferimos un tanto, pues la mayoría de los vinos que han ganado premios en concursos invitan también a un segundo descorche.

 

El asunto es la diferencia entre catar y beber. Y esta es evidente, pues la evaluación de un vino para beber será muy diferente cuando solamente se realiza una profesional cata, pues el vino se manifiesta en toda su magnitud frutal, de estructura y complejidad de aromas y sabores, cuando se bebe acompañado de apropiadas comidas. Esto es lo que hace del vino una bebida muy diferente y noble. El vino es, preferentemente, para beber junto a comidas. Por eso entonces, a nuestro juicio, la parcialidad que puede resultar del resultado de una cata o un concurso, lo cual no les quita validez en su propósito.
 

Las catas y concursos se realizan para evaluar la calidad de los vinos, y son muy útiles las calificaciones de los especialistas que hacen de jueces para que sirvan de referencia a los consumidores. Pero siempre hay que aclarar que esas calificaciones son parciales, y hay casos donde un vino ha sido muy bien calificado en una cata y/o concurso, y no muy bien en otro. Por lo tanto, las catas y concursos son muy útiles con sus medallas y puntuaciones, pero el consumidor siempre tiene que llevar en cuenta que son evaluaciones parciales realizadas en un determinado día y ambiente y por un grupo determinado de personas.

Lógicamente que hay ciertos parámetros mínimos para considerar un vino de calidad aceptable o no. Eso no se discute. Pero lo que es discutible y parcial, por lo tanto una opinión más o menos bien fundamentada, son los premios de concursos y catas. Hay vinos que reciben oro en un concurso y en otro ni siquiera están en el medallero. Esto refleja esa parcialidad y carácter de la cata, o sea, algo que es personal, subjetivo y por lo tanto sujeto a diferencias en la evaluación de acuerdo al ambiente, humor, clima, etc.

Los concursos nacionales e internacionales, así como calificaciones de revistas especializadas son necesarias y bienvenidas, siempre y cuando sus medallas y evaluaciones sean consideradas en su justa medida e importancia, y que los productores y críticos las acepten y celebren sean o no beneficiados. Esa sería una buena y sana práctica.
(todovinos.cl/a.t.)