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La Araucanía, la nueva frontera vitivinícola chilena
Lunes, 30 de Agosto de 2010

La zona atrajo a productores franceses de la Borgoña y también a un grupo de chilenos que quiere convertirla en el valle del pinot noir.

En plena región de La Araucanía, en la IX Región, un grupo de franceses y chilenos está buscando fundar el valle del pinot noir. Justo ahí, en un lugar que en el siglo XIX fue conocido como el granero de Chile y que desde el siglo pasado es el sector forestal por excelencia, están comenzando a construir los cimientos del que promete ser el próximo polo de desarrollo vitivinícola local.

La primera viña en llegar, específicamente a Traiguén, es Aquitania, de propiedad del enólogo chileno Felipe de Solminihac y de los franceses productores de la Borgoña Bruno Prats, dueño del reputado Chateau Cos d'Estournel; Paul Pontallier, director técnico del tradicional Chateau Margaux, y Ghislaine de Montgolfier, ligado a la champaña Bollinger.

A cinco kilómetros del pueblo cuentan con 13 hectáreas que producen pinot noir y chardonnay bajo la marca Sol de Sol y están en pleno proceso de plantar otras 13 hectáreas. "Es una zona con mucho potencial, aunque quien quiera venir debe saber que las condiciones son difíciles. En verano el agua escasea y los rendimientos son bajos. Hay que saber producir de manera que la inversión sea rentable", explica de Solminihac.

Por ser una zona fría, la Araucanía es ideal para producir cepas como chardonnay, riesling y pinot noir. Esta última, además, es la nueva moda en el mercado internacional. Y se ha transformado en todo un desafío, pues en medio de cepas tintas cálidas, como el cabernet sauvignon, carmenere y syrah, el pinot noir ayuda a ampliar el portafolio exportador con una cepa tinta fría.

A cuatro kilómetros de la plantación de Aquitania, en tanto, tres chilenos están dando cuerpo a su proyecto. Se trata del doctor en terroir Pedro Parra y de los enólogos Francois Massoc y Francisco Leyton (hijo del ex dueño de los supermercados San Francisco).

El nombre del vino es Clos de Fou (loco, en francés), nombre que tiene que ver con la reacción que provocó la decisión de los tres amigos de producir vinos en la IX Región. "Al final ha sido una muy buena decisión", afirma Parra. El proyecto avanza. Acaban de plantar ocho hectáreas y pretenden producir 15 mil cajas de vino hacia el año 2014. "Para mí, esta es una buena zona para pinot noir, riesling y chardonnay", añade.

Y en la frontera de la Región del Bío Bío con La Araucanía, específicamente en Negrete, la firma VC Family Estates, de propiedad del empresario Pedro Ibáñez, -también puso sus fichas en el -pinot noir.

En total, la firma posee más de 310 hectáreas de la cepa distribuidas en Negrete y Mulchén, a cargo del enólogo francés-canadiense Pascal Marchand. Y desde hace poco, además, tiene una alianza con Nicolás Potel, un destacado productor de vinos burguiñonés, quien producirá pinot noir en los campos de VC Family Estates, los que llevarán su nombre.

Otro que está experimentando en la zona es Carlos Heller. El presidente del holding Bethia, ligado a Liliana Solari, está en la etapa de probar cuáles son las mejores cepas y, una vez concluida esa fase, podría llegar a plantar hasta 100 hectáreas. Este es un proyecto personal del empresario que no está asociada a la viña Indómita, que pertenece al portafolio de negocios de su familia, una de las mayores accionistas de Falabella.

Las posibilidades que ofrecen estas tierras en el sur son amplias. Por lo mismo, la industria ya está mirando el que será su próximo destino: Capitán Pastene, el pueblo de descendientes italianos enclavado en plena Araucanía. "Como siempre pasa en este sector, estamos todos mirando quién dará el primer paso. Cuando uno lo haga, el resto lo seguirá, tal como pasó en los valles de Limarí y Leyda", dice un director de una viña local.

LA LOCURA DEL PINOT NOIR

Al pinot noir se la ha caracterizado como una cepa fresca y elegante. Pero no fue hasta 2004 cuando la locura por estos vinos comenzó a apoderarse de la industria mundial. Y en gran parte fue gracias a un documental y una película. En el primero -de nombre Mondovino-, el director Jonathan Nossiter entrevistaba y seguía a grandes personajes, como el crítico Robert Parker y Michelle Rolland, para muchos el enólogo más importante del mundo. Ahí, elevó al pinot noir a la categoría de estrella, lo mismo que ocurrió en Sideways, un film en que el protagonista denostaba el merlot y decía amar el pinot noir. El Times Online señaló que luego del estreno de la película las ventas de merlot cayeron 6% y las de pinot noir aumentaron 16% en EEUU.

Acá en Chile, en tanto, los que se han atrevido con el pinot noir tienen un factor común: Borgoña. La cepa tiene ese origen y los galos que buscan producirla acá provienen y producen en esa región. Chilenos como Pedro Parra y Francois Massoc, además, estudiaron en la la U. de Borgoña. "Buscamos desarrollar plantas con muy poca intervención y baja producción para encontrar una calidad superior", dice el doctor en terroir.
(todovinos.cl/latercera.com)

 

 
 
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