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Vitivinicultura, luces y sombras Imprimir
Lunes, 08 de Marzo de 2010 09:37

La vitivinicultura argentina ha sido puesta por consultores internacionales, como ejemplo de superación y de logros consensuados. Los expertos no mencionaban milagros, ni inusuales venturas económicas.

Lo destacable es la capacidad que el sector había tenido para consensuar un profundo diagnóstico de sus antiquísimos problemas, diseñar una estrategia de renovación para el mediano y largo plazo -el PEVI- integrar el esfuerzo privado con el marco público, coordinar una política regional e incluso aportar financiación propia a la solución, con una mesa institucional -la de la Coviar- en la que están todos los involucrados representados con voz y voto.

Ahora, cuando comienza a disiparse la tormenta de la Gran Crisis, la vitivinicultura argentina muestra magullones, porque no ha salido indemne del sacudón. Pero ha podido sostenerse en el vendaval y hasta ha conseguido mantener su evolución, afirmarse en la búsqueda y consolidación de mercados, integrar a sus productores más chicos a la cadena industrial y hasta pudo convertirse en 2009 en uno de los puntales de las exportaciones de Mendoza (que en plena crisis, aumentaron 1,5%, por el efecto empuje de la vitivinicultura y la metalmecánica, cuando el país padeció una baja que supera el 17%).

Pese a la caída de las exportaciones de sus vinos a granel y la de su mosto concentrado -siguiendo a la caída mundial de todos los commodities durante la crisis mundial-, la relación de precio, calidad e identificación hizo crecer las ventas de vinos argentinos embotellados al mundo, en 14%, en el peor año de la economía mundial.

Es que la vitivinicultura argentina ha tenido un salto de renovación, calidad y competitividad notable en la última década. Ya consiguió redondear más del 60% de sus cepajes con variedades de alta calidad enológica; ha tenido un buen promedio de inversión en la tecnología en sus bodegas; está mejorando la capacitación de sus profesionales; sigue recibiendo inversiones de capitales externos interesados en afincarse aquí en el terruño; ha incorporado al sistema el enoturismo (que con esfuerzo ha convertido en atracción turística al vino y a sus bodegas).

Tiene además en marcha programas para asociar a la cadena vitivinícola a pequeños productores (el 90% trabaja fincas de menos de 20 hectáreas), transformando sus viñedos y asociándolos a bodegas con mercado, con contratos a 10 años.

Por cierto, nada es enteramente venturoso y hay mucho camino por recorrer, para una vitivinicultura que labra bajo los dictámenes del clima, que enfrenta cada año la feroz competencia de los mercados mundiales y las inestabilidades de la política y la economía interna.

Está en un proceso de renovación y de asociación, pero aún falta integración entre productores e industriales, y aun entre las estrategias privadas y los tradicionales aprovechamientos políticos. Esto, sin perjuicio de los problemas que -como el resto de la economía nacional- enfrenta la vitivinicultura a la hora de buscar financiación razonable para sus emprendimientos, información veraz y precisa y una imprescindible estabilidad de las políticas nacionales y regionales.

Las expectativas de la demanda mundial vuelven a ser halagüeñas, las condiciones naturales de nuestro terruño, alientan el esfuerzo. Pero el futuro sigue siendo una incertidumbre, una incógnita. El consumo interno -sostén importante de la industria- sufre los vaivenes de la inestabilidad interna; el crédito de mediano y largo plazo -el de la inversión de infraestructura productiva- es una necesidad de futuro incierto para los productores.

El fantasma de la inflación, un mercado de capitales sin mayor peso, un equilibrio fiscal en decadencia y una política pública crispada y en confrontación, introducen presión sobre toda la producción. Obviamente también sobre la vitivinicultura.

En esta nueva Vendimia sin dudas hay motivos para el brindis festivo, fundamentalmente por el esfuerzo de la producción, la industria y algunos aportes de los gobiernos regionales, que han podido darle mayor entidad a nuestra vitivinicultura. Pero sigue vigente la incógnita ante las expectativas político-institucionales y las de la economía del país en su conjunto, crispadas y en fricción permanente.
(todovinos.cl/losandes.com.ar)





 

 
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