¿Qué sucede en Chile? Aumentan las ferias de vinos pero baja el consumo

En los últimos años han proliferado los eventos y ferias de vinos en Chile, como nunca antes, pero al mismo tiempo se afirma que ha bajado el consumo de vino. Es algo al menos raro de constatar, porque el número de ferias y eventos del vino se han multiplicado año a año, también los “clubes” de vino o emprendimientos de venta de vinos on line, pero se afirma que baja el consumo. Entonces, como afirmó un conocido futbolista ¿Qué sucede?

Aparentemente no se explica y no se entiende, ya que al ver ese incesante crecimiento en el número de ferias y eventos de vinos, y al parecer todos con éxito de convocatoria y con realización de varias versiones de cada uno de ellos a lo largo de cada año.

No hay estadísticas claras acerca del consumo de vino en Chile, una gran viña informó hace poco que el consumo de vino ha bajado en 1,5% anual, pero al mismo tiempo hay cada vez más eventos y ferias de vinos, y esto hay que considerarlo, ya que esos eventos no son gratuitos y sus organizadores no seguirían realizándolos si no fueran rentables, o sea, el público acude a los mismos; y además, si no hubiera interés o consumo no surgirían otros nuevos eventos y ferias año a año.

Por esto es razonable preguntar ¿Qué sucede? Baja el consumo y aumenta el interés y eventos sobre vino. En mi humilde opinión, lo “que sucede” o lo que pasa es que se está diversificando el mercado, tanto en cuanto a consumidores como en la oferta de vinos. A par con los ferias de vinos, también en los últimos años han cobrado vida decenas de pequeñas viñas y productores en las más diversas regiones del país, que justamente son los protagonistas de esos eventos y han nutrido y mostrado con sus vinos la diversidad y riqueza de la vitivinicultura chilena. Si bien los pequeños productores realizan un trabajo titánico sobre todo a nivel de ventas y distribución, y por ende las dificultades para surgir y mantenerse a flote, en horabuena hemos constatado un mayor número de autores de vinos de diversas variedades con características propias que vienen de los más distintos terruños y latitudes de este largo y angosto país.

Ante la ausencia de estadisticas serias acerca del consumo de vino en Chile, nos inclinamos por entender que lo que si ha bajado en el país es el consumo de vinos baratos y masivos, producción de los cuales siempre ha estado en manos de unas pocas grandes viñas que dominan la distribución a gran escala. Hay un cambio en el abanico de consumidores, hay cambios en las prefrencias y frecuencia en el consumo, pero también hay cambios en el tipo de consumo y de qué vinos se consumen, con tendencia a vinos de mayor calidad, menos intervención y más caros respecto a los vinos industriales.

A la pregunta ¿Qué sucede? Una respuesta no definitiva sería: mayor diversificación en la producción, con incorporación de pequeñas viñas ganando preferencia y protagonismo, y esto a pesar de no llegar a los grandes circuitos de distribución dominados por las viñas industriales. También nuevas tendencias entre consumidores más jóvenes que prefieren vinos “más sinceros” que reflejen las características del terruño donde son producidos y optando por viñas pequeñas con menos intervención en sus métodos de elaboración. Estos consumidores prefieren pagar más por vinos de mejor calidad y con métodos de producción no industriales.

La diversidad geográfica de Chile por fin se está mostrando a nivel de vinos, dando paso a que existan y se muestren cada vez más pequeñas producciones que están poco a poco llegando al conocimiento y gusto de consumidores que son de nuevas generaciones y están abiertos e interesados en conocer y aprender más de vinos pero ya sobre un universo nuevo y diferente, lejos de los “históricos” protagonistas del mundo del vino, que por sus grandes volúmenes industriales por décadas se habían “dormido en los laureles” y ofertado un abanico muy limitado lo que puede y es el mundo del vino en el país.

Tal vez lo que esta sucediendo es un cambio de paradigma, no tan sólo por las tendencias en el consumo sino también en el ámbito de la producción, diversificándose y dando espacio, aunque aún limitado, a nuevos productores que innovan presentando vinos con gran calidad de variedades olvidadas o vilipendiadas, de terruños antes menospreciados o ignorados como tal. Este cambio de paradigma, por eso abogamos, creo se refiere a un todavía incipiente -que avanza lento pero sin pausa- nuevo escenario en términos de producción, más acotada y preocupada en sus procesos con menos intervención, fuera de los cánones industriales, que está provocando y atendiendo al interés creciente de consumidores de nuevas generaciones que se van acercando al vino también de otra manera, más coloquial, más cercana y sin la pompa que siempre había acompañado al mundo del vino con su pretensión y perfil elitista.

(Alejandro Tumayan – todovinos.cl)