Itata se debate entre la tradición y la invasión forestal

itata16En el vasto Valle del Itata se pueden encontrar microvalles, diversidad de sectores y poblados que desde hace siglos han estado conviviendo de manera armónica con la vitivinicultura, la cual llegó a esas latitudes de manos de los Jesuitas y cuya tradición y práctica perdura hasta la fecha, pero que desde hace varios años se debate con una agresiva invasión forestal.

Los oriundos del Itata recuerdan que en su infancia las centenas de lomas y campos estaban cubiertos por viñedos en su gran totalidad, formando un paisaje que actualmente está severamente disminuido por la presencia de monocultivos forestales que han ido invadiendo la zona, afectando los suelos, fauna y clima.

Miles de productores de uva y vino persisten en su quehacer vitivinícola a lo largo y ancho del Valle del Itata. En cada microvalle se ven las características lomas con viñedos principalmente de Cinsault, Moscatel de Alejandría y País, pero casi siempre «acompañados» más cerca o más lejos de sendos monocultivos forestales a los cuales se les mal denomina de bosques, lo cual no son. Y en muchísimo menor grado, casi como oasis, se observan también pequeñas reservas de bosque nativo.

itata05Los viñateros del Itata impresionan por su tesón, fuerza y empuje en continuar cultivando sus viñedos y haciendo vino, a pesar de la presiones en contrario que tienen que enfrentar, sea por los bajos precios de las uvas o por la dificultades en poder vender sus vinos. Pero ahí están, cultivando y vinificando, y en muchos casos sorprendiendo con productos artesanales de gran calidad hechos de la manera tradicional, preservando su identidad sin buscar cambios que la afecten y que eventualmente pudieran otorgarles mejores dividendos comerciales.

Desde las pequeñas y artesanales viñas de Guarilihue, Ránquil, Ñipas y Portezuelo, están saliendo vinos artesanales más que interesantes, vinos puros, con fuerte identidad con el territorio, producidos de manera tradicional preservando el protagonismo de la fruta.

Y más interesante aún es ver como nuevas generaciones se están involucrando en la producción de esos vinos, dándoles nuevos toques en su estilo sin cambiar su identidad, mejorando lo que es posible sin violentar la tradición, lo cuál da una fuerte luz de esperanza de que podremos seguir bebiendo vinos con mucha historia, vinos que nos hablan del terruño, de la tradición familiar y campesina de vitivinicultores que durante muchas décadas han sido ignorados de muchas formas, pero que ahora van siendo conocidos de la mano de la calidad de sus vinos únicos y singulares.

Junto a los pequeños vitivincultores del Itata hay que destacar también el trabajo que han realizado y que todavía realizan una serie de enólogos, agrónonos y técnicos agrícolas, que junto a unas pocas instituciones les han apoyado en su quehacer vitivinicola para que puedan seguir produciendo vinos de manera tradicional mejorando la calidad de los mismos, mediante asesorías técnicas y provisión de algunos equipos e insumos.

Tuve la oportunidad de realizar una «pequeña inmersión» en el denominado Itata Profundo guiado por Felipe Neira, de Viña Neira, con quién tras disfrutar de la hospitalidad de su familia y de los vinos Bandido Neira, recorrimos algunos parajes de la zona, con lo cuál pude tener una idea de este vasto territorio que es el Itata.

itata06Partimos en el Alto Guarilihue visitando los viñedos y especialmente el tranque de Candelario Hinojosa, en cuyas riberas mantiene la vegetación nativa con las especies características de la zona desde hace siglos, que crecen y mueren naturalmente junto a las parras vecinas. Fue allí que tuvimos la sensación de lo Profundo, pues al internarnos en la vegetación nativa de la ribera del tranque, perdimos el rumbo y estuvimos su buena media hora luchando con las espinas, barro y matorrales que daba la impresión nos querían atrapar con sus ramas.

Itata Profundo por la historia y por la geografía, pues lo profundo viene literalmente por la profundidad que hay en esos microvalles tras subir algunas de las lomas cubiertas de viñedos.

itata15Así se observa desde el simple pero efectivo mirador de Lucía Torres, una viñatera del sector de Cerro Verde que ahora produce vinos y espumantes en su añosa bodega donde desde hace décadas su madre produce vino.

La Señorita Lucía, como es conocida, ha recibido asesoría para producir de manera artesanal sus ricos vinos Mirador del Valle de Moscatel de Alejandría que han sido premiados en el Concours Mondial de Bruxelles Chile.

 

itata18También produce un espumante de la misma variedad en el marco del proyecto de espumantes BrutAll, que agrupa a varios pequeños viñateros de Ránquil y alrededores. El resultado, un espumante singular levemente afrutado y muy agradable de beber. Srta. Lucía tiene seis hectáreas de viñedos y hace una rigurosa y manual selección de uvas en bodega, lo que influye favorablemente en la calidad de sus vinos. Pero esa calidad ta está en gran parte garantizada por el gran nivel de las uvas, parte de las cuales vende a prestigiosas viñas que acuden año a año a adquirir pequeñas porciones para su producción.

 

itata03Para visitar a otro productor de espumante BrutAll se nos sumó la técnico agrícola María Cristina Belmar, muy activa en la asesoría a los pequeños viñateros de Ránquil y alrededores. En el campo de cinco hectáreas de Luis Rosales probamos su espumante, algo más simple pero guardando las características de la Moscatel de Alejandría.

Con cinco hectáreas de viñedos (cinsault y moscatel), Rosales es otro productor de uvas y de vinos que ha recibido asesoría para iniciar la producción de espumantes, lo cual le ha mostrado un nuevo aspecto de la vitivinicultura que práctica hace décadas de manera artesanal junto a uno de sus ocho hermanos.

Así como estos productores hay centenas sino miles de pequeños viñateros en los campos del Itata, que buscan seguir haciendo lo suyo, vinos, así como lo han hecho sus antepasados. Mirando con optimismo el futuro, estos viñateros tratan de convivir de la mejor manera con la presencia agresiva de las forestales que han ido ocupando los campos con monocultivos y que, en actitudes muy cuestionables, les dicen que les prestarán apoyo en sus nuevos proyectos, lo cual agradecen, pero para ser sinceros, esas «ayudas» de las forestales/celulosas más bien suenan a lavado de imagen y estrategias para ganarse a los agricultores locales que junto a sus familias llevan siglos en ese hermoso y vasto territorio que esperamos no sucumban ante la codicia mercantil de esas megaempresas.

(Alejandro Tumayan / todovinos.cl)

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