Clima extremo del verano daña los vinos de Estados Unidos

En este verano estadounidense, el Valle de Napa iba rumbo a ser una de las regiones vitivinícolas más afortunadas del mundo, ya que había sorteado peligros como el granizo, los incendios y jabalíes salvajes devoradores de uvas. Pero luego llegó una ola de calor récord con temperaturas de hasta 47 grados Celsius y que se estableció hasta principios de septiembre, frustrando las expectativas de los viticultores. Como secuela, dejó a los bodegueros con gran cantidad de uvas marchitas y una gran preocupación tanto por la calidad como por la cantidad, pese al período fresco de esta semana que ahora está demorando la cosecha.

Bienvenidos a la nueva normalidad del vino: fenómenos meteorológicos extremos. Estos influyeron en la cosecha de este año en todas partes, desde Alemania y Francia a Italia y Chile la primavera pasada y, a último momento, a Napa y Sonoma. “Nunca vi una cosecha como esta”, reconoció Cathy Corison de Corison Winery en Napa, que ahora está en su 43ª temporada.

En Napa y Sonoma, el exceso de calor no afectó las uvas para vinos espumantes o los blancos cosechados en un momento anterior de agosto. Pero el cabernet está en peligro. El asesor de viñedos Steve Matthiasson, que también elabora vinos bajo la etiqueta que lleva su nombre, reconoció: “La ola de calor nos arruinó”. Si bien se necesita calor para madurar las uvas cabernet, no es conveniente que este sea excesivo, y este verano en Napa hubo más de dos docenas de días con temperaturas superiores a los 38 grados.

“En todos los lugares donde los racimos estuvieron expuestos al sol, las uvas se vieron afectadas”, dice Aaron Pott, cuyo viñedo de Mount Veeder tuvo mínimas de 29 grados de noche y 43 grados de día. Algunos enólogos, como Rob Mann de Newton Vineyard, tendieron largas mallas para sombreo contra uno de los lados de cada hilera de viñas para protegerlas de los rayos del sol en los momentos más calurosos de la tarde.

Cathy Corison, al igual que muchos viticultores, cosechó de noche la semana pasada, cuando la temperatura era más fresca. Dormía tres horas antes de ir a las 0:30 a los viñedos con una linterna de cabeza y luego trabajaba durante toda la noche con un equipo de recolectores.

Hacer buen vino este año dependerá de seleccionar las uvas marchitas que no tengan lo que se denomina “síndrome de la baya flácida”. Algunas bodegas, como Newton, tienen costosos clasificadores ópticos. “La cantidad de fruta que los viticultores tendrán que descartar dependerá del lugar y el tipo de uva”, explicó Tim Mondavi de Continuum.

Él tendrá que desechar gran parte de su petit verdot, por ejemplo, aunque su cabernet franc y su sauvignon sobrevivieron muy bien. Pronostica que las bodegas de la base del valle perderán más que la suya, que está ubicada más alto, en la laderas de Pritchard Hill. Como consecuencia de todo esto, la cosecha será más menor a lo previsto, con una reducción de entre 5 y 35% para algunos sectores de viñas. Y, al igual que en Europa, esto sin duda significará precios más altos para cabernets ya de por sí caros.
(economiahoy.mx)