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 Que felicidad sentí cuando me dijeron: “Estás acreditado y puedes asistir al concurso del mejor sommelier del mundo”. Pedí permiso en mi trabajo casi inmediatamente, ya que tamaña experiencia no me la podía perder.
Debo reconocer que al ser un porteño de vida y trabajo acá en la hermosa ciudad de Valparaíso, no viajo mucho a Santiago, entonces para mí la capital es una ciudad gigantesca llena de gente por todos los lados a los que mires, un tráfico insoportable y millones de cosas que no son de mi gusto. Pero en Santiago se realizaba el Mundial y por una semana seria mi ciudad.
Entonces partí a la cita el mismo día en el que comenzaba el Concurso mundial después de conseguir el hostal donde quedarme. Planee cómo llegar al Hotel W, esto porque el día domingo tenía que presentarme a las 7 de la mañana para emprender el viaje hacía el valle de Colchagua, precisamente a la Viña Montes por la mañana y Viña Casa Lapostolle por la tarde.
El domingo llegué sin contratiempos con la hora, nos subimos al bus que partió exactamente a las 7 de la mañana y comencé a dimensionar la importancia del evento en el bus en el que iba camino al sur, pues viajaba con personas provenientes de muchísimos lugares del mundo, en su mayoría de Europa. Periodistas, candidatos que estudiaban y hacían preguntas sobre nuestros valles y sus vinos, presidentes de las distintas Asociaciones de Sommelier en el mundo. En ese momento era el único chileno, así que ocupé todos mis conocimientos de inglés para relacionarme y ayudar con sus consultas.
Llegamos a Viña Montes y fuimos recibidos por Aurelio Montes y su hijo del mismo nombre, enólogo de la viña. Con él hicimos el tour por la viña. Que mejor guía que su propio enólogo. Mientras recorríamos sus bodegas nos explicaba la filosofía de la viña, sus inicios, sus fundadores, etc., interesante todo. Pero cuando llegamos a su sala de barricas todos quedamos maravillados. La razón: la sala no sólo almacena las barricas llenas de vino, lo cual no tiene nada de especial, pero lo novedoso está en que la sala es ambientada con cantos gregorianos, algo que ya había leído en revistas y libros pero estar ahí es otra cosa, los pelos se te empinan. Todo esto mientras Aurelio Jr. nos explica la razón del por qué de la música. A continuación recorridos por los viñedos mientras su enólogo nos llena de datos técnicos muy importantes para todos los que estábamos ahí.
Luego de esto catas dirigidas por Don Aurelio Montes y su hijo. Catamos lo mejor de la viña, desde su Sauvignon Blanc del Valle de Leyda hasta Purple Angel, icono de la viña pasando por Montes Alpha y Montes M. Para terminar almuerzo al aire libre, exquisito menú acompañado de sus grandes vinos.
Por la tarde visita a la Viña Casa Lapostolle, recorrido por los viñedos para llegar a la bodega y comenzar un completo tour por sus dependencias comenzando por la sala de recepción de la uva y selección manual de los granos, pasando por sus cubas, sala de barricas que nuevamente nos deja asombrados, pues ésta se ubica 30 metros bajo tierra en plena montaña. Entonces, llenos de preguntas que la misma dueña de la viña nos responde. Terminamos la visita con su cava subterránea con muchísimas botellas de colección y botellas de Clos Apalta ícono de la viña, lugar ideal para la preservación de la calidad de los vinos, se ubica a 30 metros bajo tierra rodeada de rocas gigantes que protegen los vinos como si fueran guardianes. La temperatura que existe en esta parte de la bodega es ideal. Terminamos con una degustación de vinos y una cena especialmente preparada para la ocasión maridada con sus grandes caldos.
Llega la esperada visita a Viña Concha y Toro, con todos los que había hablado querían visitar la viña.
Al llegar a la bodega nos invitan a una carpa en uno de sus patios acondicionada especialmente para catar lo mejor que tiene la viña y sus filiales, con explicaciones técnicas de los enólogos. Es así como comenzamos nuestra cata con:
-Chardonnay Quebrada Seca 2008, Maycas (Valle del Limarí) y su enólogo Marcelo Papa.
-Pinot Noir Ocio 2008, Cono Sur (Valle de Casablanca) y su enólogo Adolfo Hurtado.
-Carmín de Peumo 2005 (Valle del Cachapoal) y su enólogo Ignacio Recabarren.
-Gê, Emiliana 2006 (Valle de Colchagua) y su enólogo Álvaro Espinoza.
-Almaviva 2007 (Valle del Maipo) y su enólogo Michel Friou.
-Don Melchor 2007 (Valle del Maipo) y su enólogo Enrique Tirado.
Cada uno en su estilo nos deleitaron con una entretenida e interesante explicación de la ubicación y descripciones del terroir, trabajo en las bodegas y mezclas porcentuales en los casos de los ensamblajes. La experiencia fue una clase magistral.
La visita terminó con un agradable almuerzo en uno de los patios de la bodega, en donde como sorpresa final se descorcharon botellas mathusalem (6 litros) de Don Melchor 2003.
En los días siguientes continuamos con las visitas a los distintos valles vitivinícolas cercanos a Santiago: Aconcagua, Maipo, Casablanca, Leyda (San Antonio). Diferentes viñas que nos invitaron a conocer sus viñedos, bodegas y también sus vinos en interesantes catas. Conocimos las viñas Seña, Cono Sur, Chocalan, Casas del Bosque, Cousiño Macul, Leyda, etc.
Un lugar especial en mi recuerdo es para Viña Chocalan, que nos recibió de forma especialmente familiar. Desde el inicio hasta el final de la visita nos sentimos como en casa, con esto no quiero desmerecer lo hecho por las otras, para nada, todas nos brindaron un recibimiento de primera, pero las condiciones que se dieron cuando visitamos Chocalan, en Maipo, fueron ideales. Primero, éramos no más de 10 personas que hablábamos español, el presidente de la Asociación de Sommelier de España, los candidatos mexicano y uruguayo, de Argentina prensa acreditada y una chica perteneciente a la Asociación Argentina de Sommelier, fuimos recibidos por la gerenta general de la viña Sra. Aída Toro y su enólogo Fernando Espina.
Nos mostraron sus instalaciones y viñedos para llevarnos a una mesa de cata redonda en la cual todos podíamos compartir nuestras opiniones. Probamos sus vinos blancos provenientes de Malvilla, zona en el mismo valle Maipo Costa pero mucho más cercano al océano; sus tintos reservas y el Blend. Para todos el mejor fue su Syrah Reserva 2007. Para finalizar esta visita tan acogedora, nos llevaron a un quincho ubicado en una ladera al costado del viñedo donde nos tenían preparado un asado con papas horneadas en horno de barro junto a nuestro típico pebre, todo bien chileno, que junto al Syrah Reserva quedaba de maravilla. Como pensamiento común para todos: “nos hubiésemos quedado la tarde completa en ese genial lugar”.
Todo lo bueno tiene que terminar y que mejor final que apreciar a los tres grandes finalistas en acción, compitiendo por ser el Mejor Sommelier del Mundo.
Pruebas de servicio en distintas situaciones, cata a ciegas de vinos y licores del mundo, corregir una carta de vinos mal escrita, precisar lugares del mundo vinícola sólo mediante fotografías.
Después de unas tres horas teníamos un ganador, quien más que Gérard Basset, el favorito de casi todos los presentes aquella tarde en el Hotel W. Con múltiples distinciones como el Master Sommelier, Master of Wine y Wine MBA, a Basset sólo le quedaba ganar el título de Mejor Sommelier del mundo. Esta era su sexta y última participación, entonces la alegría inundó el salón cuando lo dieron como vencedor.
El Mundial se finalizó con una cena en el Castillo Hidalgo dejándome una sensación muy reconfortante. La Asociación de Sommelier de Chile, en donde estudio, había hecho realidad su sueño, el mundial había salido de maravilla. Tuve la oportunidad de conocer gente de muchas asociaciones de sommelier americanas y europeas, especial cariño a la comitiva del Perú, Uruguay, Argentina, México y España. No olvidar un saludo fraternal a los sommelier que hicieron el servicio de vinos en los distintos almuerzos y cenas, como también a los que hicieron el papel de guías mientras nos trasladábamos de lugar en lugar, que con un inglés perfecto respondían las inquietudes de los participantes.
Ahora a dedicarme de lleno a los libros, ya que si antes me gustaban mis estudios para poder ser sommelier profesional, ahora me apasionan aún más. (Sebastián Riquelme Otero, estudiante de la Escuela de Sommelier de Chile)
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